Hadiya
madre de
Mohamed
18 años
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“Este
es un barrio pobre, hay problemas por ello... [El hermano de Mohamed]
Se quiere ir a España. Yo le digo que se espere a que su
hermano pueda ayudarle a emigrar. Le digo que no baje al puerto:
¡¡Que yo no me entere que baja!!. Todavía es
pequeño para ir allí. Pero él baja, lo sé.
Mohamed está en Madrid y tiene papeles. Yo sólo le
pido a Alá que Mohamed encuentre trabajo pronto y nos pueda
enviar dinero. Se lo pido a Alá todos los días. Yo
estoy de acuerdo con el camino que ha tomado mi hijo. Aquí
no hay futuro, sólo trabajo duro. Mira su padre, trabaja
en la fábrica hasta que sale sangre de sus manos...” |
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Abderrahman
padre de
Adil
17 años
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“Trabajo
por mi cuenta, no tengo ningún tipo de cobertura o de contrato:
me llaman y voy. A veces he estado en paro. Adil se fue hace un
año más o menos: se marchó a entrenar y ya
no volvió. En realidad se había ido con sus amigos
al puerto. Al principio teníamos comunicación con
él, nos llamaba cada semana o cada 15 días. Ahora
ha pasado un tiempo sin llamar porque ha tenido problemas. En Barcelona
se encontró a unos amigos del barrio (hay chicos de Charf
Bendiban) y comenzó a ir al colegio. Ahora tiene sus papeles
en regla. Tardaron unos tres meses en hacérselos. No nos
manda mucho dinero, sólo cuando trabaja. Me parece bien que
Adil esté en España, pero lo echamos de menos. Aunque
hace poco que vino, cuando regresó a Barcelona todos lloramos.
Si dejas tu tierra tienes que luchar mucho, te tienes que hacer
un hombre...” |
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Kenza
madre de Abdeslam
16 años
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“Se
marchó hace 7 meses, en contra de la voluntad de mi marido.
Vivimos en Tánger, aunque emigramos desde el campo. Vivimos
todos en una única habitación, no tenemos ni agua
ni luz. Los colegios nos quedan un poco lejos. Pero lo peor es que
aquí no hay médico. En la casa somos 10. [Él
padre] está enfermo, ahora ya no puede trabajar. Vende cosas
en la calle y yo le ayudo. Rahma y Souad trabajan en una fábrica
pelando gambas en el puerto. Es muy duro. Pero mis hijas son las
que pagan todo: la comida, el agua, la luz y el alquiler. Mi hijo
se fue con unos chicos que finalmente fueron retornados, yo no sabía
nada. Ahora hablo con él cada miércoles, llama desde
su colegio. A mí me gustaría que consiguiera sus papeles,
pero me apena verme separada de él. Es muy duro estar lejos
de mi hijo. Es como mi entraña, a nadie le gusta separarse
de sus hijos, pero él fue a defenderse. Sólo espero
que Dios esté satisfecho de él.” |
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Fátima Zohra
madre de
Khalil
16 años
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“Khalil
estuvo en España en Madrid. Hace 2 meses que lo retornaron...
Tuvieron que dejar de estudiar porque no teníamos dinero
para los libros, la ropa... Son muchas cosas. Mi marido no trabaja
todos los días. A veces está en paro, no encuentra
nada. Mi hijo se marchó a España hace casi un año.
Yo sabía que bajaba al puerto para intentar emigrar, pero
¿qué le iba a decir?. No podía decir nada:
por más que le dijese que no le dejaba, él se escapaba,
bajaba al puerto con un amigo que ahora está en España.
Yo tengo dos sobrinos allí, viven en Bilbao los dos. Al principio
de estar en España nos llamaba cada día, nos decía
que estaba bien. Después nos llamaba cada semana. Nadie nos
avisó que mi hijo iba a ser retornado. No nos ha explicado
nada de cómo lo trató la policía en la Comisaría
del puerto. Yo sé que a otros amigos les han pegado. De todas
formas, mi hijo sigue pasando todo el día en el puerto, con
sus amigos. Y no puedo decirle nada, está enfadado...” |
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Fátima
madre de Omar
y de
Mohamed Said
18 años y
14 años
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“Tengo
un hijo que está en España, en Zaragoza, y otro que
ha sido retornado hace poco... Mi barrio en realidad no vale nada.
Vivimos en una casa alquilada de dos habitaciones. Disponemos de
agua, pero la luz nos la han dado los vecinos. Yo estuve trabajando
en España. Allí era muy feliz, aunque tenía
tres niños aquí en Tánger con mi madre. Volví
por ellos, si no, no hubiera vuelto. Yo les quiero dar una buena
educación a mis hijos, pero aquí salen a la calle,
van con chicos malos. Primero se fue Omar. Por él sí
que lo pasé mal: me puse enferma. Una vez estuvo tres días
en el puerto sin venir a casa. No podíamos con él.
El padre me decía que lo dejase, pero yo no podía.
Me enteré de que Omar estaba en España por la Policía.
Todas las veces que se fue lo devolvieron. Creo que fueron tres.
Yo tenía miedo de que Omar se convirtiera en un niño
de la calle... De hecho no sabía que Mohamed también
bajaba al puerto. Jamás. Se marchó en julio del año
pasado. Cuando llegó a España, se fue directamente
a Zaragoza, donde tengo una hermana. De momento no tiene papeles,
lo que queremos es que mi hermana lo adopte: nos han pedido los
permisos y todo.” |
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